La historia de cómo fui expulsado de mi colegio
Publicado el 14 de noviembre de 2025
La historia de cómo fui expulsado de mi colegio
La razón por la que me expulsaron del colegio Bellas Artes no fue solo por hacer tremenduras, como cualquier persona a esa edad escolar.
También fue porque no tenía muy buenas notas, pero no por incapacidad, sino porque no me apasionaban las materias. Simplemente me parecían aburridas. Sentía que el colegio estaba matando la creatividad, la capacidad de razonar y el pensamiento crítico.
Todo el contenido era material hecho hace muchísimos años, que nunca cambia. Siempre es lo mismo. Existen métodos más modernos para aprender y hacer las cosas, pero teníamos que hacerlo “a la antigua” porque así lo dicta el Ministerio de Educación.
Estaba cansado de estudiar cosas que sabía que nunca usaría en mi vida, de exponer temas sin sentido, sin conexión con algo que realmente me gustara.
Profesores, frustración y realidades
Había profesores que apreciaba, pero muchos tenían más de 30 años trabajando en el colegio y ya no querían su trabajo. Ver eso me marcó.
Recuerdo a mi profesor Argenis González: estudió Derecho y quería ejercer como abogado, pero terminó siendo profesor de Matemática. Y así con otros profesores.
No los juzgo, pero ver personas que no lograron cumplir sus sueños también te deja pensando.
Lo único que sí me despertaba interés
Lo único que realmente apreciaba del colegio era que habían implementado talleres.
Había uno de negocios y finanzas, áreas que siempre me apasionaron desde pequeño.
A los 10 años ya leía libros como:
- Psicología del Dinero – Morgan Housel
- Piense y hágase rico – Napoleon Hill
- Padre rico, padre pobre - RObert Kiyosaki
- Los secretos de la mente millonaria - T. Harv Eker
Libros que influyeron muchísimo en mi forma de pensar.
Ese taller lo creó el profesor Román Fuenmayor, profesor de Matemática.
Solo se inscribieron 7 personas en todo el colegio, y al final solo iba yo, porque los demás se escapaban. Aun así, ese espacio fue de los pocos donde sentí que estaba aprendiendo algo real.
Disfruté el proceso, aunque no fuera perfecto
A pesar de que me portaba mal y acumulaba registros de conducta, disfruté cada etapa del colegio Bellas Artes.
No me arrepiento de nada. Aprendí la lección, pero también entiendo que todo eso fue parte del proceso de vivir y adquirir experiencia.
Aprender fuera del aula
Entre los 11 y 12 años, ya tenía conocimientos sólidos en ciberseguridad. No porque alguien me lo enseñara en el colegio, sino porque yo investigaba por mi cuenta.
En ese tiempo entendí cómo funcionaban los sistemas, las redes y las aplicaciones web. Me di cuenta de que el sistema tecnológico del colegio era viejo y obsoleto, y eso despertó aún más mi curiosidad por cómo funcionaban las cosas por dentro.
Exploré, analicé y entendí fallas de seguridad que hoy sé que eran críticas. Nunca lo hice por malicia, sino por curiosidad técnica y ganas de aprender cómo se construyen y protegen los sistemas.
Con el tiempo, en lugar de seguir explorando por mi cuenta, decidí hacer lo que hoy considero correcto: hablar con la coordinación y explicar las vulnerabilidades que existían, cómo funcionaban y qué soluciones se podían aplicar. Incluso me ofrecí a hablar con los desarrolladores para explicarles todo paso a paso.
Cuando el sistema te ve como una amenaza
Lejos de verlo como una oportunidad, el colegio me tomó como una amenaza.
Sumado a que ya tenía historial de mal comportamiento —hablar en clase, pararme, no quedarme quieto— quedó claro que yo no encajaba en ese modelo.
A nadie le parece lógico estar 8 horas sentado, callado, sin cuestionar nada.
Decidí portarme mejor, subir mis notas y cambiar mi actitud. Había madurado. Pero ya era tarde. Me advirtieron que con un registro más quedaría fuera.
Valores antes que cualquier cosa
En ese último episodio en el que me involucraron, yo ni siquiera fui al colegio ese día.
Unos amigos crearon un grupo, comenzaron a insultar a una niña de primer año diciéndole cosas horrendas. Yo solo escribí que dejaran de meterse con ella y me salí del grupo.
Aun así, cuando el colegio se enteró, me tomaron como cómplice.
Eso me impactó mucho, porque aunque pude haberme portado mal muchas veces, los valores siempre los tuve claros.
Nunca he consumido tabaco, alcohol ni excesos de azúcar. Siempre he cuidado mi cerebro, porque para mí es mi máquina principal. Siempre me preguntaba:
¿Qué tipo de estimulación recibe el cerebro aquí? ¿Aquí se vive o solo se existe?
Soy partidario de que gran parte de por qué muchos estudiantes terminan el colegio sin saber qué estudiar es porque nunca se les enseñó a elegir, todo fue impuesto desde pequeños.
Un nuevo entorno, nuevas oportunidades
Después de eso, entré a otro colegio: American Institute Joseph John Thomson.
Un colegio bastante bueno, que desde el inicio me trató bien.
Agradezco enormemente el apoyo de:
- Víctor Manzanero
- Yesenia Ardiles
- Juan Pablo
Personas que creyeron en mí desde el inicio y me dieron un entorno donde pude crecer.
Cierre
Esta etapa del colegio fue divertida mientras duró.
Hoy la veo como una fase necesaria.
Este artículo va dedicado también a la profesora María Laura y a la profesora Pilar del colegio Bellas Artes.
Me dijeron que nadie me aceptaría en un colegio privado, que terminaría en uno público, que mis notas eran bajas, que no iba a ser nadie.
Les doy las gracias.
Porque muchas de esas rupturas fueron las que me hicieron más fuerte.
Le pido a Dios que les dé mucha vida, para que puedan seguir viendo mis frutos y mis éxitos.